Historia

¿Por qué  se denomina ChanGo?

La palabra “Chango” tiene diversas interpretaciones y significados. En algunos países como Argentina hace referencia a la niñez (niño/a). En Nigeria “Changó” es el espíritu de la Justicia. En otros países como Ecuador, “chango” se refiere a un mono pequeño. De una manera u otra nos lleva a lo primario, a lo fundamental, a la vida. Y esto debemos conseguirlo de manera urgente, por lo que se hace un juego de palabras con “Change go” (“Cambio adelante”). Así es como se acaba denominando, Modelo ChanGo.

Este nombre se definió después de 10 años de trabajo, con el objetivo de que no se confunda con otros proyectos que también hablan de transformación, justicia o sostenibilidad pero que no tienen la misma estrategia o tienen perspectivas que legitiman las injusticias (asistencialistas, paternalistas,  colonialistas, insostenibilidad…).

Nos ha costado mucho esfuerzo definirlo con un nombre, pues pensábamos que al hacerlo sería menos inclusivo. Sin embargo, como se dice popularmente “las cosas mejor por su nombre”. ChanGo, después de tantos años, identifica mejor el modelo que utilizamos para conseguir territorios justos y sostenibles.

¿Cuál ha sido su recorrido?

Este modelo comienza a gestarse en 2008, con la crisis financiera y económica mundial que pone en evidencia los problemas existentes estructurales y hace que crezca la búsqueda de sistemas alternativos.

Organizaciones de base, expertos académicos y activistas, junto a entidades como el Movimiento por la Tierra, Cooperando por la Vida o la Red Internacional de Educación, ponen en marcha diálogos, acciones y proyectos para responder a las necesidades de construir un futuro sostenible y justo.  

 

En 2018, este movimiento de transformación, decide poner un nombre al modelo que llevaban ejecutando y construyendo durante años para diferenciarlo y definirlo, y finaliza denominándose Modelo ChanGo.

 

En 2022, en la celebración de sus 15 años y tras su experiencia en 14 países, se reformula colectiva e internacionalmente con el objetivo de tener un mayor impacto.

Biografía relacionada:

Agyeman, J., Bullard, R. D. y Evans, B. (2003). Just sustainabilities: development in an unequal world. Cambridge, MA: MIT Press. 

Carneros Revuelta S., Guerro Huerta, J. P., Bustamante Granda, L. (2020). La educación como motor de desarrollo. Revista Para el Aula, 26, 20.

​Carneros Revuelta, S., Murillo, F. J. y Moreno-Medina, I. (2018). Una Aproximación Conceptual a la Educación para la Justicia Social y Ambiental. Revista Internacional de Educación para la Justicia Social, 7(1), 17-36.

Freire, P. (1971). La educación como práctica de la libertad. Madrid: Siglo XXI. 

Giroux, H. A. (1992). Igualdad educativa y diferencia cultural. Barcelona: El Ropure. 

Reclus, E. (1975). El hombre y la tierra. Casa Editorial Publicaciones de la Escuela Moderna, Barcelona.

Escobar, A (1999). El final del salvaje. Cultura, ambiente y política en la antropología contemporánea. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología.

Young, I. M. (2000). La justicia y la política de la diferencia. Madrid: Cátedra. 

Subirats, J. (ed.). (2002). Redes, Territorio y Gobierno. Nuevas respuestas locales a los retos de la globalización, Diputación de Barcelona, Barcelona

Chambers, R. (1993). Poverty and livelihoods: whose reality counts? Environment and Urbanization, Vol. 7, No. 1